Noticia

2017-09-14

Un mal precedente

26 de enero del 2011

Por José Girón, Medellín enero de 2011.El Gobierno Nacional acaba de sancionar la ley que reforma el sistema de seguridad social en salud, no obstante las distintas peticiones procedentes de la totalidad de las organizaciones de salud y de diferentes sectores sociales, encaminadas a que el gobierno devolviera al Congreso dicha reforma por no consultar las propuestas que desde estos mismos sectores habían sido explicitadas, y que buscaban subsanar los problemas de orden estructural que acusaba la ley 100 y las distintas reformas a que fue sometida.

Este hecho es sin duda grave. El escándalo que a finales del gobierno anterior puso en evidencia  las fallas estructurales y no sólo financieras del sistema de salud, que inclusive precipitó la declaratoria de emergencia social y que el tema de la salud ocupara buena parte de la atención de todos los candidatos a la presidencia de la república, hacía pensar que el tema de la salud  volvía a colocarse en la escena pública después de muchos años de sordera oficial,  y evidenciaba las falencias de un modelo privatizador que en su lógica mostró lo poco que le importaba realmente la salud de los colombianos(as) y lo mucho que le interesaba mantener sus tasas de ganancia  así ello comprometiera la vida de los usuarios del sistema.

El 7 de agosto del 2010 el presidente electo sorprende a los colombianos con una agenda de reformas, la cual tocaba temas de fondo para la sociedad colombiana. Las reformas a la justicia, política, salud y las leyes de víctimas, de tierras y de ordenamiento territorial, configuraban un plan ambicioso que hacía pensar que nos encontrábamos ante  un cambio, no sólo de estilo, sino ante todo de un cambio de sector de la elite dominante, mucho más  afín al diálogo, con una concepción mas moderna del Estado y con un interés por enmendar los errores de la administración anterior.

Pero miremos. La ausencia de las organizaciones médicas y de salud en general en la sanción de la susodicha reforma, no es más que la expresión del  rechazo a una práctica vieja de la elite consistente en convertir la participación social en la construcción de las políticas públicas en mera formalidad, pues las decisiones gruesas ya las han definido con los grupos de interés económico, señálese en este caso, los dueños de las grandes EPS privadas, que aspiran a embolsillarse una tajada mayor de los recursos  públicos. Es una de las tantas prácticas que alejan al ciudadano del Estado y afianzan una inveterada desconfianza hacia lo público.

La gran reforma estructural no tuvo más alcance que consolidar un modelo privatizador y unas coberturas de papel. Se crea una nueva burocracia en un sinnúmero de organismos de dirección, control y tecnológico, que dejan muchas dudas sobre su operatividad, haciendo a un  lado temas tan gruesos como la salud pública, el fortalecimiento del sistema público de servicios de salud y la demanda  de un real ejercicio del derecho al posponer entre otros, un plan único de beneficios.

Hablamos de un mal precedente, porque si algo parecido va a ocurrir en el tema de víctimas y ley de tierras, estaríamos al frente de un tremendo fiasco. La realidad es que estamos abocados a temas que, por su naturaleza estructural, requerirían de movimientos sociales muy fuertes capaces de neutralizar y hasta bloquearan las desmesuras de la élite, y se diera más cabida a la construcción de acuerdos. Sin duda, este es uno de los grandes vacíos y es por lo tanto una alerta para los movimientos sociales y Partidos Políticos  que se la vienen jugando en esta coyuntura con el tema de tierras y de víctimas, para que efectivamente se den pasos reales hacia la paz y la reconciliación.

Como bien se sabe en el tema de tierras hay muchos intereses en juego, la historia de la guerra en Colombia es la historia de la posesión de la tierra  y esa derecha proclive a jugársela en los marcos legales e ilegales no va a renunciar tan fácilmente a una posesión que se ha peleado milímetro a milímetro. No sobra reiterarlo, será en el tema de tierras en donde a Santos se le podrá medir realmente el aceite, por ahora lo de la salud deja un mal sabor.

 

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